Tú quieres el préstamo y yo esas tetas y ese culo

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Tuve suerte de que mi marido entendiera que no me quedaba otra opción más que aceptar las condiciones que me estaba poniendo el prestamista. Lo último que hubiese querido hubiera sido engañarlo, pero era la única forma de obtener el dinero que necesitábamos. Tal vez la culpa fue mía por llevar una camisa muy escotada, pero no soy la responsable de tener unas tetas tan buenas. Quizás pude haberle chupado la polla con menos ganas, o haberme negado a dejarme penetrar por el culo, pero preferí relajarme y hacerlo gozar bien para que en ningún momento se arrepintiera de darme el préstamo.